Reconciliarte con tu energía femenina y masculina interna

Dentro de cada ser humano habitan dos grandes fuerzas

Beatriz Álvarez

2/23/20244 min read

a man riding a skateboard down the side of a ramp
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Dentro de cada ser humano habitan dos grandes fuerzas, dos expresiones complementarias de la vida: la energía femenina y la energía masculina. No tienen que ver con el género biológico, ni con estereotipos culturales. Son dos polaridades que coexisten en todos nosotros y que, cuando están en equilibrio, nos permiten vivir con armonía, integridad y coherencia.

La energía femenina es receptiva, intuitiva, emocional, creativa, cíclica, nutritiva. Está relacionada con la capacidad de sentir, de fluir, de sostener, de estar en presencia, de crear sin necesidad de controlar. Es el agua, la luna, la escucha profunda, la conexión con lo sutil, lo interno, lo invisible.

La energía masculina es activa, racional, estructurada, firme, proyectiva. Está asociada con la acción, el foco, el orden, la dirección, la protección. Es el fuego, el sol, el impulso hacia afuera, la concreción, la capacidad de manifestar.

Ambas energías son esenciales. No hay una mejor que la otra. Lo desequilibrado no es tener una más desarrollada que la otra, sino vivir desde la desconexión, la sobrecompensación o la represión de una de ellas. Y eso, en muchos casos, nos genera tensiones internas, bloqueos emocionales y conflictos en nuestras relaciones.

Culturalmente, hemos aprendido a valorar más la energía masculina. Se premia la productividad, la acción constante, la lógica, el control, la autosuficiencia. En ese contexto, muchas personas —especialmente mujeres— han aprendido a sobreactivar su energía masculina para sobrevivir, para competir, para no sentirse vulnerables. Al mismo tiempo, se ha desprestigiado la energía femenina, asociándola con debilidad, inestabilidad o dependencia.

Esto ha generado un desequilibrio profundo. Mujeres desconectadas de su cuerpo, de su intuición, de su capacidad de sentir. Hombres que niegan su sensibilidad, que viven desde la exigencia o la represión emocional. Y así, se fragmenta la integridad interna.

Reconciliarte con tu energía femenina y masculina interna no es una moda espiritual. Es una necesidad emocional y energética. Es recordar que dentro de ti hay un espacio para contener y para accionar, para crear y para organizar, para sentir y para sostener. Es dejar de pelear con una parte de ti y empezar a integrar.

Cuando estás muy en tu energía masculina, puedes volverte controladora, rígida, exigente contigo misma. Puedes vivir en modo hacer constante, sin permitirte descansar, recibir, sentir. Puedes perder la conexión con tu cuerpo, con tu intuición, con tu vulnerabilidad. Estás en el mundo, pero desconectada de ti.

Cuando estás muy en tu energía femenina, puedes volverte dispersa, sin dirección, sin estructura. Puedes quedarte en la emoción sin transformarla. Puedes vivir desde la pasividad, esperando que las cosas cambien sin tomar acción. Te conectas contigo, pero pierdes el foco para concretar.

El equilibrio llega cuando permites que ambas energías se escuchen, se reconozcan, se complementen. Cuando tu energía femenina siente, y tu energía masculina actúa desde esa emoción. Cuando tu parte femenina sueña, y tu parte masculina organiza. Cuando tu parte femenina acoge, y tu parte masculina pone límites.

Este trabajo de reconciliación no es teórico. Se vive, se siente, se practica.

Puedes comenzar observando tu día a día. ¿Desde dónde estás actuando? ¿Te permites descansar, soltar, sentir? ¿O estás siempre en modo resolver, producir, controlar? ¿Tienes espacio para nutrirte, para inspirarte, para estar contigo? ¿O todo está orientado hacia afuera, hacia lo útil, lo funcional?

También puedes observar tus relaciones. ¿Estás sosteniendo dinámicas donde solo das o solo recibes? ¿Estás repitiendo roles aprendidos sobre cómo “debe” comportarse una mujer o un hombre? ¿Te permites pedir ayuda? ¿Te permites decidir sin culpa?

Trabajar con tu energía femenina es permitirte volver al cuerpo, a la emoción, a la intuición. Bailar, meditar, crear, descansar, llorar, conectar con otras mujeres, escribir, recibir. Es darte permiso para ser sin tener que justificarte.

Trabajar con tu energía masculina es establecer rutinas que te sostengan, tomar decisiones con firmeza, poner límites claros, enfocarte, sostener proyectos, accionar desde tu propósito. Es ser tu propia estructura sin necesidad de endurecerte.

Y lo más importante: integrar. No hacer de una mejor que la otra. No espiritualizar una y castigar la otra. Ambas son partes de ti. Ambas se necesitan. Ambas están listas para dialogar.

Reconciliar estas energías internas es también una forma de sanar tus vínculos. Porque lo que no equilibras dentro de ti, lo proyectas en el afuera. Buscas afuera lo que no te das. O rechazas afuera lo que no toleras en ti.

Cuando te reconcilias con tu energía femenina y masculina, tus relaciones cambian. Porque ya no necesitas que el otro te complete. Ya no reaccionas desde la herida. Ya no actúas desde el personaje. Puedes estar desde la elección, desde la plenitud, desde la verdad.

Si sientes que estás desconectada de una parte de ti, si estás agotada de vivir desde la exigencia o atrapada en una pasividad que te frustra, este es tu momento para integrar. Para volver a ti con más equilibrio, con más fuerza, con más amor.

Y si necesitas acompañamiento en ese proceso, estoy aquí para ayudarte. Puedes agendar tu primera sesión desde mi web o llamarme directamente. Juntas podemos trabajar para armonizar tus energías internas y permitirte vivir con más coherencia, libertad y verdad.