La trampa del perfeccionismo
El peso invisible que nos aleja de la felicidad
Beatriz Álvarez
8/3/2024


El perfeccionismo no siempre se presenta como algo negativo. De hecho, durante años se ha confundido con una virtud. Se aplaude a quienes "no se conforman", a quienes buscan "hacerlo todo bien", a quienes se exigen hasta el límite. Pero bajo esa apariencia de compromiso y excelencia, muchas veces se esconde un mecanismo doloroso y agotador: la necesidad constante de demostrar que somos suficientes, válidos, dignos de amor.
La trampa del perfeccionismo radica en que, lejos de impulsarnos hacia la felicidad, nos aleja de ella. Porque nos mantiene siempre en deuda con nosotros mismos. Porque establece estándares imposibles. Porque genera ansiedad, frustración y una profunda sensación de vacío, aunque logremos todo lo que nos propusimos.
Ser perfeccionista no es lo mismo que ser cuidadoso, comprometido o dedicado. El perfeccionismo no nace del deseo de mejorar, sino del miedo a equivocarse, al juicio, al rechazo. Es una respuesta aprendida, muchas veces desde la infancia, cuando entendimos que solo si lo hacíamos “perfecto” recibiríamos amor, atención o reconocimiento.
Detrás del perfeccionismo suele haber una herida emocional: la del “no soy suficiente”. Para compensarla, buscamos hacer más, dar más, ser más… hasta que nos agotamos. Y aun así, seguimos sintiendo que no alcanza.
El perfeccionismo afecta nuestra relación con nosotros mismos. Nos convierte en nuestros peores jueces. Nos habla con dureza. Nos recuerda cada error, cada fallo, cada palabra que no fue perfecta, cada gesto que podríamos haber hecho mejor. Nos impide descansar, disfrutar, relajarnos. Nos hace sentir que solo si todo está bajo control, entonces estamos a salvo.
También afecta nuestras relaciones. Esperamos demasiado de los otros, o sentimos que los demás nos juzgan con la misma vara con la que nos medimos. A veces, evitamos mostrarnos vulnerables por miedo a no cumplir con la imagen que creemos que se espera de nosotros. O nos cuesta delegar, confiar, soltar.
El perfeccionismo también paraliza. Nos hace postergar decisiones importantes por miedo a equivocarnos. Nos bloquea frente a proyectos creativos porque "no es el momento ideal" o "no estoy lo suficientemente preparado". Nos impide empezar, avanzar, experimentar. Nos roba la espontaneidad.
Y todo esto sucede muchas veces en silencio. Desde fuera, podemos parecer personas exitosas, ordenadas, resolutivas. Pero dentro, hay un diálogo interno constante de exigencia, comparación y presión. Hay miedo a fracasar, a decepcionar, a no encajar.
Liberarse del perfeccionismo no significa volverse descuidado o mediocre. Significa elegir vivir desde la autenticidad, no desde el miedo. Significa aceptar que somos humanos, que nos equivocamos, que no todo necesita estar bajo control para tener valor.
El primer paso para salir de esta trampa es reconocerla. Observar cómo y cuándo aparece esa voz interna que exige más de lo necesario. Preguntarte de dónde viene. ¿Quién te enseñó que tenías que hacerlo todo perfecto? ¿A quién estás tratando de complacer?
Luego, es necesario cultivar la autocompasión. Aprender a tratarnos con amabilidad. A decirnos cosas como: "Estoy haciendo lo mejor que puedo", "Cometer errores no me hace menos valiosa", "No necesito ser perfecta para ser amada". El diálogo interno amoroso es una de las herramientas más potentes de sanación.
También es útil practicar la exposición progresiva a la imperfección. Permitirnos entregar algo que no esté perfecto. Decir "no sé" sin sentirnos incompetentes. Mostrar una parte vulnerable sin pensar que eso nos debilita. Cada vez que elegimos ser reales en lugar de perfectos, estamos recuperando libertad.
La terapia también puede ser un gran espacio para trabajar el perfeccionismo. En ella podemos identificar las raíces emocionales del patrón, transformar creencias limitantes y aprender herramientas concretas para vivir con más suavidad y disfrute.
Vivir sin el peso del perfeccionismo es respirar con más amplitud. Es permitirnos jugar, explorar, descansar. Es entender que nuestro valor no depende de lo que hacemos, sino de lo que somos. Es poder equivocarnos sin que eso nos rompa por dentro. Es ser más humanos, más libres, más felices.
Si sientes que el perfeccionismo te está robando la paz, que te exige más de lo que puedes sostener, que te aleja de ti misma, hoy puede ser un buen momento para empezar a soltar. Para empezar a elegirte. Para empezar a vivir desde el amor y no desde la presión.
Te acompaño si quieres recorrer ese camino. Puedes agendar una primera sesión de acompañamiento terapéutico o pedirme más información directamente desde mi web o por teléfono. Juntas podemos trabajar para desactivar esa voz exigente y recuperar tu verdadera voz: la que habla con amor, con calma y con verdad.
Terapias Beatriz Álvarez
Es un espacio sutil, acogedor y profundamente humano que invita a detenerse, a respirar, y a mirar hacia dentro.
© 2025. Terapias Beatriz Álvarez
Telefono y WhatsApp: +34 652 17 94 99
Consultas con Cita Previa En Presencial y Online


Deja tu reseña Aquí
